La llegada de cachorrita Adriana a la manada

La llegada de cachorrita Adriana a la manada

La llegada de un nuevo miembro a la manada siempre es importante

Buenos y perrunos días!

Estábamos dando un paseo y coincidimos con Ura, una amiga de ricitos marrones que acaba de tener una nueva cachorra humana en su familia. Tiene una familia maravillosa y una historia por contar, pero en otra ocasión hablaremos de ella. Estuvimos jugando un rato, nos picamos porque no me quería dar el palo y al final acabamos charlando. Me preguntó cómo había llevado yo la llegada de Adriana a mi manada y le conté cómo había sido

Desde un principio éramos cuatro: mami Ale, aitatxo Mikel, Pi (un agapornis de cinco años al que me quise comer en más de una ocasión y por eso vive ahora con los aitites) y yo, Valentina. Jugábamos mucho, íbamos al monte, a la playa, viajábamos a más no poder. Y es que me encanta viajar, sobre todo en mi furgo. En aquella época iba en el asiento de atrás, estirada de punta a punta. Veíamos pelis en el sofá y luego íbamos a dormir todos juntos a la cama.

Como buena perra que soy me encanta dormir entre mis papis. Muchas veces usaba la tripa de mi mami como almohada. Hasta que un día empecé a notar que algo había cambiado. No se, era extraño, como un sonido nuevo, curioso la verdad. Yo por si acaso dejé de apoyarme en su tripa, al ser algo raro preferí alejarme un poco. Y no saben cómo se puso mi mami, lloraba porque se pensaba que ya no la quería. Já, pobre ilusa. Yo sabía antes que ellos que algo estaba cambiando.

Una mañana fue a la hierba de los humanos, lo que en casa se llama baño, e hizo pipí en un botecito Lo sé porque en casa el término intimidad no existe. 

Total, que vamos a la cocina a preparar café y al de un rato vuelve al baño y veo que se pone muy nerviosa, no paraba de mirar un palito muuuuuy finito. Resulta que ese palito decía que estaba embarazada. En otras palabras, un cachorrito o cachorrita estaba de camino. El cambio había empezado

Unas semanas más tarde empezaron los vómitos. Yo le decía que comiera hierba, esas que son verdes y muy largas, a mí me van bien cuando quiero purgarme. 

Poco a poco algunas cosas iban cambiando, mi mami lloraba incluso viendo los Simpsons, la ropa le quedaba diferente. Una noche tuve que acompañar al aita a comprar helados, ¡con lo que me gustan a mí los helados!

Creo que el cachorrito tenía celos de mi, era poner mi cabeza en la tripa y comenzaba a hacer la ola. A mi no me importaba, me relajaba ese movimiento.

Una madrugada me despertaron de un susto, mi mami estaba muy apurada porque se había hecho una especie de pipí en la cama. Le dije que no se preocupara, yo de pequeña también lo hacía y sólo me reñían un poco. Ésa fue la última noche tranquila que pasamos los tres. Al día siguiente aita me trajo un peluche nuevo. Su olor me era familiar, aunque nunca lo había sentido así. Vinieron mis aitites de Durango a cuidarme. Ellos me miman mucho, me sacan a pasear y me dan chuches. Me tratan como a una reina.

Unos días más tarde mi mami por fin volvió a casa. ¡¡Yo estaba taaaaan contenta!! Ella caminaba un poco rara, pero definitivamente era mi mami. Y aita traía algo envuelto Qué curiosidad, ese olor llegaba otra vez a mi ocico. Una mezcla de mis papis, algo nuevo, pipí de cachorro humano No sé cómo explicarlo. ¡Al verla me emocioné tanto! Me dejaban lamerle los pies ¡Qué delicia! Luego por la tarde salíamos a pasear, aunque no me gustaba que los desconocidos se acercaran a mi nueva cachorrita humana.  A veces lloraba por la noche y encendían la luz, entonces yo me iba a dormir sola al sofá, alguien tenía que descansar en casa y por supuesto, esa era yo.

En un principio parecía un peluche más, no se movía ni me hablaba. Pero con el paso de los meses fue evolucionando. ¡Le enseñé muchas cosas! Llegó a comer de mi plato cuando mami no miraba, nos encanta beber agua del bidé (sabe que el agua fresquita me súper chifla), echamos siestitas juntas y nos acurrucamos un montón. Y yo me la gozo cuando le dan de comer porque la mitad siempre me la da a mi.

Ahora no puedo estirarme del todo en la furgo porque choco con su sillita (no sé porqué no le ponen un arnés como a mi) y dormimos más apretujados en la cama, tengo que compartir a mis aitites con ella (aunque sé que siempre seré la preferida de aitite Josean). Aún así nos queremos un montón.

Y la verdad, no la cambio por ningún hueso del mundo.

Ahora los dejo, se ha despertado y nos toca dar de comer a los peluches.

Nos sigue encantando el momentico sofá y manta
Ojeras, cansancio y amor, mucho amor
Mi lugar preferido en el mundo
Siestitas juntas
A ella le encanta incordiar, a mi me encanta que lo haga
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1Comment
  • Laura
    Posted at 03:17h, 30 agosto Responder

    La historia más dulce… ❤️

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